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  • Otras feministas entre las cuales me

    2018-10-22

    Otras feministas, entre las cuales me incluyo, creemos que la tradición de los derechos posee los recursos conceptuales para enfrentar estos cargos. Por ejemplo, es posible interpretar los derechos para que tomen en cuenta las diferencias morales sobresalientes entre los/as poseedores de derechos, además de que pueden ser asignados tanto neuropeptide receptors grupos como a individuos. Asimismo, pueden incluir derechos tanto positivos como negativos; son derechos, más que libertades, y traen consigo exigencias no solo de no interferencia, sino también de deberes correlativos de parte de los otros. Por lo tanto, puede considerarse que dichos derechos encarnan los valores de la comunidad, la ayuda mutua y la solidaridad social. Quienes consideran que los derechos son indispensables para la liberación de las mujeres apelan al movimiento feminista mundial y pujante que ha sido inspirado por la consigna de que “Los derechos de las mujeres son derechos humanos”. Las teóricas de este movimiento han seguido la evolución ahora conocida por buena parte de la ética feminista: empezaron por criticar los abusos a las mujeres que no eran reconocidos como violaciones de sus derechos, para luego a cuestionar la velada norma masculina oculta en los conceptos tradicionales de los denominados derechos humanos, y después proponer reinterpretaciones radicales. Por cuestiones de espacio no me es posible hacer un recuento completo de estas propuestas feministas, pero mencionaré que para ellas es fundamental reconocer que las violaciones de los derechos humanos de las mujeres son hechas por actores tanto estatales como no estatales —por lo regular familiares del sexo masculino—, y que ocurren tanto en el ámbito privado como en la esfera pública. Para ello se requiere expandir la definición de represión ejercida por el Estado para incluir formas familiares de la misma, en las cuales las novias son vendidas y los padres y los esposos ejercen un control estricto sobre la sexualidad, la vestimenta, el habla y los movimientos de las mujeres. La esclavitud debe incluir en su definición el trabajo doméstico forzado y la prostitución. Y, dado que algunas violaciones a los derechos humanos están determinadas por el género, las definiciones de crímenes de guerra y genocidio deben extenderse para incluir las violaciones sistemáticas; la tortura sexual; el infanticidio de niñas; la privación sistemática de alimentos, cuidados médicos y educación a Concerted evolution las niñas; así como el acto de agredir, mutilar, matar de hambre y hasta asesinar a las mujeres. Las feministas también han enfatizado el vínculo entre las violaciones de los derechos cívicos y políticos de las mujeres, y las violaciones de sus derechos económicos y sociales: las economías y las leyes dictan la preferencia mundial de los niños por sobre las niñas, y las vulnerabilidades económicas de las mujeres las exponen a abusos más flagrantes (Peters y Wolper 1995). El sesgo masculino y el consecuente falso humanismo de las concepciones previas de los derechos humanos deben corregirse, quizá empezando por imaginar que la normativa humana es femenina, en lugar de masculina. Finalmente, las mujeres están más que sobrerrepresentadas entre los grupos pobres y analfabetos del mundo, y sin duda son las más vulnerables frente a los sistemas de poder opresivos. La consigna de que “los derechos de las mujeres son derechos humanos” surgió en un organización activista de base. Esta frase elude los cuestionamientos metaéticos relativos a la fundamentación de los derechos, concepto que Bentham caracterizó peculiarmente como disparates con zancos. En vez de eso, señala una visión ética más que metafísica, la cual tiene fundamentos para expresar con validez el consenso entrecruzado de las feministas de todo el mundo. Como se evidenciará en la siguiente sección, creo que esta es la única justificación que dicha consigna requiere.
    Repensar la teoría ética El término teoría ética comprende un amplio rango de indagaciones intelectuales, todas las cuales comparten un interés en cuestiones generales de moralidad, más que en inquietudes éticas de practicidad inmediata. Las cuestiones abordadas por la teoría ética van desde lo metafísico —si existe un reino moral objetivo— a lo epistemológico —en particular si es posible justificar las exigencias morales— y a las indagaciones más normativas pero aún generales sobre ciertas nociones éticas centrales, como lo bueno, lo correcto y lo justo. Durante buena parte del siglo xx, la ética estuvo dominada por una comprensión específica de la teoría ética; sin embargo, a medida que el siglo llegó a su fin, este modelo fue cada vez más cuestionado, y entre sus detractoras más directas están algunas feministas.